El sistema nervioso regula el estado del organismo. No solo responde a lo que ocurre. Lo organiza.
A través de una red compleja que incluye el sistema nervioso central y el sistema nervioso autónomo, el cuerpo interpreta lo que ocurre dentro y fuera, y ajusta su funcionamiento en consecuencia. Esto implica mucho más de lo que solemos pensar. Regula la frecuencia cardiaca, la respiración, la digestión, la respuesta inmunológica, la inflamación… y también la forma en la que la piel se comporta.
Cuando el organismo percibe seguridad, predominan los mecanismos asociados al sistema nervioso parasimpático. Es un estado de menor activación fisiológica, en el que el cuerpo puede reparar, regenerar y mantener el equilibrio. Cuando percibe amenaza, ya sea física, emocional o incluso cognitiva, se activa el sistema nervioso simpático. Aumenta el arousal fisiológico, se liberan catecolaminas y cortisol, y el organismo entra en modo adaptación. Este sistema es esencial para la supervivencia. El problema aparece cuando esa activación deja de ser puntual y se convierte en un estado sostenido.
Diversos estudios han demostrado que la activación crónica del eje hipotálamo–hipófisis–adrenal (HPA) y del sistema nervioso simpático está asociada a:
- aumento de cortisol
- alteración de la respuesta inflamatoria
- disfunción inmunológica
- disminución de la capacidad regenerativa
Y todo esto tiene un impacto directo en tejidos periféricos como la piel. (Hunter et al., 2015; Tan et al., 2025)
Pero hay algo que hace que este sistema sea especialmente interesante. No solo responde. También puede ser modulado.
El sistema nervioso es altamente sensible a estímulos sensoriales. El tacto, la temperatura, la respiración y de forma muy especial, el olfato. A diferencia de otros sentidos, la señal olfativa accede directamente al sistema límbico, incluyendo estructuras como la amígdala y el hipocampo, implicadas en la regulación emocional y la respuesta al estrés. Esto permite que determinados estímulos aromáticos puedan influir en el estado del organismo en cuestión de milisegundos. (Haze et al., 2002; Herz, 2009)
Dicho de otra manera: no todo lo que cambia el estado del sistema nervioso pasa por la razón. Mucho ocurre antes.
Entender esto cambia completamente la forma de abordar el cuidado personal. Porque introduce una idea clave: que el estado del organismo no es fijo. Y que, en determinadas condiciones, puede ser influido.
En Ateliest partimos precisamente de ahí. De entender el sistema nervioso no como algo abstracto, sino como el centro desde el que todo lo demás se organiza. Y de explorar cómo, a través de la piel y los sentidos, podemos empezar a interactuar con él de una forma más consciente.